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viernes, 17 de diciembre de 2010

Angel poema


Te miro, Sombrío, Hijo de la Oscuridad

Señor sublime de mi alma acongojada

Y observo en ti, pura belleza sin maldad

El dulcísimo deseo en tu faz amada



Hombre siniestro, te vas en la madrugada

Siempre dejando encerrada en tu beldad

A mi corazón, atravesado con crueldad,

Destrozado sin remedio por tu espada.



Venido desde allende el mar, una ciudad

Que ha renegado de tu nombre, una morada

Siniestra, vacía desde la antigüedad

En una nave de coral, perlas, adornada.



A mis brazos llegaste, de doncella armada

Con lanza terrible, con escudo y lealtad

A un estandarte de sagrada, dulce verdad

Y en tu abrazo me dejé abandonada.



Ahora, Sombrío, Hijo de la Oscuridad

Señor sublime de mi alma acongojada

Te miro a ti, implorando a tu piedad

Para que cure a mi alma abandonada

(Para que sacie mi sed)

Dándome a beber de tu boca la soledad

Calmando mi deseo con dulce tenacidad

Obsequiándome tu sonrisa anhelada.



Miradme, Sombrío, Hijo de la Oscuridad,

Os lo pido…venid a mi cama desolada

Arráncadme el corazón…

Y reposad en mi almohada…

domingo, 9 de mayo de 2010

El Lobo. Guy de Maupassant (1850-1893)


El Lobo.
Guy de Maupassant (1850-1893)

Vean lo que nos narró el viejo marqués de Arville, a los postres de la comida con que inaugurábamos aquel año la época venatoria en la residencia del barón de Ravels.
Habíamos perseguido a un ciervo todo el día. El marqués era el único invitado que no tomó parte alguna en aquella batida, porque no cazaba jamás.

Durante la comida casi no se habló más que de matanzas de animales. Hasta las señoras oían con interés las narraciones sangrientas y con frecuencia inverosímiles; los oradores acompañaban con el gesto la relación de los ataques y luchas de hombres y bestias; levantaban los brazos, ahuecaban la voz. Agradaba oír al señor de Arville, cuya poética fraseología resultaba un poco ampulosa, pero de buen efecto. Es indudable que habría referido muchas veces, en otras ocasiones, la misma historia, porque ninguna frase lo hizo dudar, teniéndolas todas ya estudiadas, muy seguro de producir la imagen que le convenía.

-Señores: yo no he cazado nunca; mi padre, tampoco; ni mi abuelo ni mi bisabuelo. Este último era hijo de un hombre que había cazado él solo más que todos ustedes juntos. Murió en 1764, y voy a decir de qué manera. Se llamaba Juan, estaba casado y era padre de una criatura, que fue mi bisabuelo; habitaba con su hermano menor, Francisco de Arville, en nuestro castillo de Lorena, entre bosques. Francisco de Arville había quedado soltero; su amor a la caza no le permitía otros amores.
Cazaban todo el año sin tregua, sin descanso y sin rendirse a las fatigas. Era su mayor goce; no sabían divertirse de otro modo; no hablaban de otro asunto: sólo vivían para cazar. Los dominaba aquella pasión terrible, inexorable, abrasándolos, poseyéndolos, no dejando espacio en su corazón para nada más. Habían prohibido que por ninguna causa los interrumpieran en sus cacerías. Mi bisabuelo nació mientras perseguía su padre a un zorro y, sin abandonar su pista, Juan de Arville murmuró:
-¡Cristo! Bien pudo esperar ese pícaro para nacer a que yo termine.

Su hermano Francisco se apasionaba aún más en su afición. Lo primero que hacía en cuanto se levantaba era ver a los perros y los caballos; luego, se entretenía disparando a los pájaros en torno del castillo hasta la hora de salir a caza mayor.

En la comarca los llamaban el señor marqués y el señor menor; entonces los aristócratas no establecían en los títulos -como ahora la nobleza improvisada quiere hacerlo- una jerarquía descendiente; porque no es conde un hijo de marqués ni barón un hijo de vizconde, como no es coronel de nacimiento el hijo de un general. Pero la vanidad mezquina de los actuales tiempos lo dispone así. Vuelvo a mis ascendientes.

Parece ser que fueron agigantados, velludos, violentos y vigorosos; el joven aún más que su hermano mayor, y tenía una voz tan recia, que, según una opinión popular que le complacía, sus gritos agitaban toda la verdura del bosque. Y, al salir de caza, debieron de ofrecer un espectáculo admirable aquellos dos gigantes, galopando en dos caballos de mucha talla y brío.

El invierno de 1764 fue muy crudo y los lobos rabiaron de hambre.

Atacaban a los campesinos, rondaban de noche alrededor de las viviendas, aullaban desde la puesta de sol hasta el amanecer y asaltaban los establos. Circuló un rumor terrible. Se Hablaba de un lobo colosal, de pelo gris, casi blanco; que había devorado a dos niños y el brazo de una mujer; había matado a todos los mastines de la comarca y, saltando las tapias, olifateaba sin temor alguno bajo las puertas. Ningún hombre dejó de sentirlo resoplar; su resoplido hacía estremecer la llama de las luces. Invadió la provincia un pánico terrible. Nadie salía de casa de noche ni al anochecer. La oscuridad parecía poblada en todas partes por la sombra de aquella bestia...

Los hermanos de Arville, resueltos a perseguir y matar al monstruo, dispusieron grandes cacerías, invitando a los nobles de la región. Todo fue inútil; ni en los bosques ni entre las malezas lo hallaron jamás. Mataban muchos lobos, pero aquél no aparecía. Y cada noche, al terminar la batida, como para vengarse, la bestia feroz causaba estragos mayores, atacando a un caminante o devorando alguna res; pero siempre a distancia del sitio donde lo buscaron aquel día.

Entró una de aquellas noches en la pocilga del castillo de Arville y devoró los dos mejores cerdos. Juan y Francisco reventaban de cólera, imaginando en aquel ataque una provocación del monstruo, una injuria directa, un reto. Con sus más resistentes sabuesos, acostumbrados a perseguir temibles bestias, aprestáronse a la caza, rebosando sus corazones odio y furor.

Desde el amanecer hasta que descendía el sol arrebolado entre los troncos de los árboles desnudos, batieron inútilmente los matorrales.

Regresaban furiosos y descorazonados, llevando al paso las cabalgaduras por un camino abierto entre maleza, sorprendiéndose de que un lobo burlase toda su precaución y poseídos ya de una especie de recelo misterioso. Juan decía:

-Esa bestia no es como las demás. Parece que piensa y calcula como un hombre.
Y contestaba Francisco:
-Acaso conviniera que nuestro primo el obispo bendijese una bala, o que lo hiciese algún sacerdote de la región, rogándole nosotros que pronunciase las palabras oportunas.
Callaron y, después de un silencio, advirtió Juan:
-Mira el sol, qué rojo. La fiera no dejará de causar algún daño esta noche.

Apenas había terminado la frase, cuando su caballo se encabritó; el de Francisco giraba. Un matorral, cubierto de hojas marchitas, crujió, abriendo paso a una bestia enorme y gris que, saliendo rápidamente de su escondrijo, internose al punto en el bosque. Los dos de Arville articularon una especie de rugido que demostraba su fiera satisfacción y encogiéndose, inclinados hacia adelante, pegándose al cuello de sus briosos caballos, impulsándolos con todo su cuerpo, los lanzaron a la carrera, excitándolos, arrastrándolos, enloqueciéndolos de tal modo con las voces, con sus movimientos, con la espuela, que los hercúleos caballeros, como si un ímpetu gigantesco los condujera volando, parecían arrastrar entre las piernas a sus caballos, que iban a escape, tocando en el suelo con el vientre, haciendo crujir los matorrales y salvando las torrenteras, encaramándose por escarpadas pendientes y descendiendo por angostas gargantas. Los caballeros hacían resonar las trompas con toda la fuerza de sus pulmones, llamando a sus criados y a sus perros.

De pronto, en aquella furiosa y precipitada persecución, tropezó mi abuelo con la cabeza en una rama que le abrió el cráneo y cayó sin sentido, mientras el caballo continuaba su carrera loca, desapareciendo en la densa oscuridad que iba envolviendo el bosque. Francisco de Arville paró en seco y se apeó, cogiendo en brazos a su hermano; vio que por la herida, entre la sangre, asomaba también el cerebro.

Entonces, apoyándolo sobre sus rodillas, contempló el rostro ensangrentado, las facciones rígidas, inertes, del marqués. Poco a poco el miedo lo invadió, un miedo extraño que no había sentido nunca. Temía la oscuridad, la soledad, el silencio del bosque; hasta llegó a temer que apareciera el fantástico lobo, que se vengaba de aquella persecución tenaz de los Arville haciendo morir al mayor de los hermanos.

Se espesaban las tinieblas; el frío, agudo, hacía crujir los árboles. Francisco se incorporó, tembloroso, incapaz de permanecer allí más tiempo, sintiéndose casi desfallecer. No se oía nada; ni ladridos de perros ni voces de trompa; todo estaba mudo en el invisible horizonte, y aquel silencio taciturno de una helada noche tenía bastante de horroroso y extraño.

Alzó entre sus manos de coloso el cuerpo gigantesco de Juan, atravesándolo sobre la silla para llevarlo al castillo; montó y se puso en marcha, despacio, sintiendo una turbación semejante a la embriaguez, perseguido por espectros indefinibles y espantosos.

De pronto, una forma vaga cruzó el sendero que la nocturna oscuridad invadía. Era la bestia. Una sacudida brusca, un verdadero espanto agitó al cazador; algo frío, como una gota de agua, se deslizó sobre sus riñones; y, como un ermitaño que ahuyenta a los demonios, el caballero hizo la señal de la cruz, desconcertado ante aquella temible aparición del espantoso vagabundo. Pero sus ojos refrescaron su memoria, presentándole a su hermano muerto; y, de pronto, pasando en un instante del miedo al odio, rugió furiosamente y espoleando al caballo se lanzó tras el lobo.

Lo siguió entre los matorrales y a través de bosques desconocidos. Galopaba con la vista penetrante, clavada en la sombra que huía; tropezaban en los troncos y en las rocas la cabeza y los pies del muerto atravesado en la silla. Le arrancaban el cabello las zarzas y salpicaba con sangre los árboles, golpeándolos con la frente; las espuelas rechinaban y hacían saltar chispas de los pedruscos. De pronto, la bestia y su perseguidor salieron del bosque y se lanzaron a un valle cuando aparecía la luna en lo alto del monte; un valle pedregoso, cerrado por enormes rocas. No hallando fácil salida por aquella parte, la bestia retrocedió.

Francisco no pudo contener un alarido estruendoso de alegría, que los ecos repitieron como repiten el rodar de un trueno, y saltó a tierra empuñando el cuchillo de monte. La bestia, con los pelos erizados y arqueado el cuerpo, lo aguardaba. Pero antes de comenzar el combate, cogiendo el cazador el cuerpo de su hermano, lo apoyó entre unas rocas, y sosteniéndole con piedras la cabeza, que parecía una masa de sangre cuajada, le dijo a voces, como si hablara con un sordo:

-¡Mira, Juan! ¡Mira eso!

Y se arrojó sobre la bestia. Sentíase bastante poderoso para levantar en vilo una montaña, para triturar pedernales entre sus dedos. La bestia quiso hacer presa en él, procurando arrimar su hocico al vientre del cazador; pero éste la tenía sujeta por el cuello y la estrangulaba tranquilamente con la mano, sin acordarse del cuchillo, gozándose al sentir los ahogos de su garganta y las palpitaciones de su corazón. Reía, reía más, cuanto más apretaba; reía gritando: ¡Mira, Juan! ¡Mira eso! Ya no hallaba resistencia: el cuerpo del monstruo cedía con blandura. Estaba muerto.

Entonces Francisco lo alzó, y acercándose a su hermano con aquella carga inerte dejó caer un cadáver a los pies de otro cadáver, diciendo, conmovido y cariñoso:
-Toma, Juan; tómalo; ahí lo tienes.
Después colocó en la silla los dos cuerpos y se puso en marcha.

Entró en el castillo riendo y llorando, como Gargantúa cuando el nacimiento de Pantagruel. Pregonaba la muerte de la bestia con exclamaciones de triunfador y gritos de gozo; refería la muerte de su hermano, gimiendo y arrancándose las barbas. Y, pasado el tiempo, cuando hablaba de aquella noche fatal, decía con lágrimas en los ojos:

-¡Si al menos hubiese podido ver el pobre Juan cómo estrangulé al otro, es posible que muriera satisfecho! ¡Estoy seguro!

La viuda educó a su hijo haciéndolo odiar la caza y ese odio se ha transmitido hasta mí de generación en generación.

El marqués de Arville había terminado. Alguien preguntó:
-Esa historia es una leyenda, ¿verdad?
Y el marqués respondió:
-Aseguro que todo es cierto, que todo ha ocurrido.
Y una señora dijo con dulzura:
-De cualquier modo, agrada oír contar que alguien se apasiona fieramente.

sábado, 21 de febrero de 2009

La alegria

Anoche escuché música blues, casi como una forma de sentirme mejor frente al sufrimiento de otros plasmados en canciones. Y esto fue lo que pasó:Las voces carrasposas, los sonidos profundos y melancólicos, las armónicas auyantes me hicieron transportar un momento a otro mundo, a un mundo lleno de bocanadas de humo enrareciendo el aire de un club pendencioso, lleno de profundas desilusiones, de nostalgias con aroma a alcohol, de inumerables desdenes caprichosos que refutaban su dolor por permanecer incólumes frente al sol de la madrugada siguiente.Estaba ahí sentada, rodeada de voces fatigadas por la vida, de personajes vestidos en trajes a rayas y sombreros de gangster con un habano en una mano y un whisky en la otra. Ambiente denso, profunda melancolia, retrato de una celebración sin felicidad.Mi mesa estaba coja, acomodada con un corazón que alguien olvidó bajo la pata más corta; la luz era casi imperceptible, como un subterráneo que sucita temores y desazones. La vida misma era una forma de sufrir, la forma perfecta de sucuimbir ante los embates del desamor, de la injusticia, de la falta de convencimiento. Es mi purgatorio.Ojos oscuros, algunos tras lentes aún más oscuros que se delatan por las lágrimas que dejan ver bajo los cristales. Cabisbajos, sufridos, llenos de moho en sus bolsillos y un profundo aroma a olvido en sus chaquetas. Sus pasos nunca los conocí, pues se estancaban en formas ambiguas de movimiento, casi como teletransportándose de un lugar a otro. No era necesario el movimiento, solo era necesario la intención y un whisky añejo.Una banda tocaba en el escenario, delante de una cortina roja, recuerdo de lo que alguna vez fue un escenario de teatro experimental, rayada de sentimientos ligeros en baños de sangre. Sus integrantes no movían sus cabezas, ni siquiera para seguir el ritmo. Todos usaban anteojos de sol y sus cabezas gachas hacían aún más elocuente la fatiga del corazón, la falta de ansias por vivír y la inmensa energía que se necesitaba para acomodar siquiera la vista. Sus acordes eran densos, oscuros, solitarios. El ritmo era tan lento como un amanecer en Julio, las notas se disolvían en nuestros tragos cargados de espera, de desalojo sentimental. Contrabajo de muerte.Los sonidos hacían pequeñas olas en mi whisky, por lo menos eso creía cada vez que miraba más de cerca mi licor de olvido y se desenfocaba pronto. El vaso estaba en mi mano y sin embargo no lo sentía, mi voz estaba callada y sin embargo gritaba por dentro, mientras mis ojos vidriosos por el habano contenían la tempestad como mejor podían. Mis manos desgastadas de tanto escribir, mis surcos sin destino y mis dedos ligeros sólo acompañaban el final temido. Apreté con todas mis fuerzas el vaso, como en un convencimiento propio de que aún podía lograr algo con eso... y sin embargo nada pasó.Ya nada resultaba ser como era antes, mis fuerzas ya no existían y la radiación del sol no se aomaba por mi cara desde hace tiempo. El reloj no pasaba, no existía, había muerto junto con ella. Las voces que alguna vez clamaban en mi interior, hoy se han transformado en fantasmas de alguien que ya no recuerdo. Sombríos episodios y luces sin luz, caminos que nos conducen al silencio y penetrantes obsesiones que no dejan respirar entre el humo de un cigarro mal apagado.Los acordes seguían sonando, con menos fuerza cada vez; la música ya no agradaba, simplemente estaba, como un cuadro al que le prestas atención un segundo y luego desaparece de tus percepciones. Solo, sentado en una silla de madera que miles ha ocupado antes, y que miles ocuparán después. Almas nunca faltan para entrar en este club de la decadencia.El cantinero limpia los vasos como pretendiendo pulirlos con su paño manchado de sangre, mientras su mirada se posa fija en el escenario. Es un show añoso y sin novedad que busca conciliar la pena y el llanto. Una atmósfera de desilución se ha tornado en la mejor decoración del lugar. Muros llenos de fotografías desencantadas, de otras épocas, de otros colonos de esta tierra abobinable y desterrada, que no existe en ninguna parte, que no se remarca en ningún mapa. Es como el teatro de Hesse, "no es para cualquiera".Un piano destaca en ese momento, un piano cuya única nota repetida hasta la saciedad desemboca en un profundo alarido del cantante principal, con todas sus fuerzas viendo emerger desde sus venas aún más dolor y nostalgia que antes. El micrófono está apagado, el tambor también, entra en ese momento una harmónica con desgarros de notas, que no alcanza a ser supremo, sino que fatiga hasta la vista del espectador. Todos cierran sus manos e indican que el tema ha concluído, nada de aplausos, sólo silencio y suspiros.Ahí estaba yo, llorando mis propias penas, cuando alguien se sienta a mi lado. No lo vi inmediatamente, y quizás ya llevaba un rato ahí, sóla recuerdo esa sensación de espacio corrupto por otro ente. Mis manos estaban sobre el vaso y mi mirada perdida en un cenicero repleto de cenizas de dolor. Sólo mi cigarro se erguía imponente frente a toda la ceniza de mi corazón asomada en forma de cenicero.Una servilleta, un grabado en la mesa. Me acerco a verlo y dice "no debería estar aquí", o por lo menos eso creo que dice. Me hace reflexionar, me hace cuestionar, mi alma se empieza a mover, pero cae inevitablemente ante la desdicha y la muerte presunta de un ser que, aún teniendo alma, ya no recuerda para qué servía.

domingo, 15 de febrero de 2009

Alas de angel
Detras de tus ojos se esconde un gran misterio la sombra de tu pasado,todo aquello que esta fuera de mi criterio
Dime que es lo que sientes,y que es lo que ves ?si acaso soy yo la que te molesta o lo que te hace prevalecer
No es culpa de mis actos que haya sucedido,pues no es masque obra de la vida,te lo digo bello angel mio
Dejame entrar en tu vida,pues no todo esta tan mal veras que desde este infierno,por fin extenderas tus alas y finalmente lograras volar
Tan lejos de este mundo,tan lejos de mide una o de otra forma,por fin seras feliz
Vuela,vete lejos de aqui,hay un mundo haya afuera el cual espera por ti Seca tus lagrimas y no mires hace atras,piensa solo en ti y no en que diran los demas

sábado, 14 de febrero de 2009

Bizarro


Entré sin hacer ruido. El corazón libraba su propia batalla.Latido a latido,las fuerzas me


abandonaron,y el cuerpo cayó rendido.Pero la curiosidad, incansable batallador asigió su eterno camino y, sin ser visto, asistía amores perdidos en la memoria de los que hoy estan aquí.También vi fantasmas llevando mensajes de esperanza.Palabras precisas que, al ser recordadas,aún se clavan como lanzas.Y, desde entonces, continuo buscando frontera de deformado cristal que separa los sueños de esta vida tan real...

¿que escondes?al verte sonreir veo a traves de tus ojos vacios y ,en lo mas oculto de tu corazon te veo susurrando tu fria soledad tu estas a mi lado siempre y me invitas a morir contigo tu dices que olvidemos todo pero,no puedo hacerlo. No te entiendo tu dices morir lentamente con tu soledad sin embargo dice que vale la pena tener sentimientos y sonreir.Te observo mirandote en un espejo donde el espejo no es mas que,tu triste agonia!!que sufres!! antes de morir
que bonito seria besarte;acariciar tus labios, por una vez en la vida, saborear el veneno que me mata por amarte.!que bonito seria besarte...en una noche perdida¡ que bonito seria pasear en tus sentimientos, y decirte esas palabras que gritan en mi interior,y, dentro de tus sueños, gritar a los cuatro vientos:!quiero fundirme en tus brazos, quiero morir en tu amor¡que bonito seria poder tenerte en esa noche perdida que anhela mi corazón...y poder saborear el placer de quererte, aunque con el alba se perdiese mi ilusión.que bonito seria...


YO NACI AHI CRECI, AHI VIVIENdo LA SOMBRA DEL VALLE DE LA MUERTE YO TE CONOCIERAS UN ALMA QUE, AL IGUAL QUE YO misma, ANDABAS EN PENA. NO CONOZCO MAS DE TI TU NOMBRE...Y NO SE MAS.EN LA SOMBRA DEL VALLE DE LA MUERTE TE ENCONTRE, TE VI Y PARA MI DESGRACIA,ME ENAMORE DE TI.NO ME IMPORTO NADA,NO ME IMPORTO EL NO SABER SI TU ME QUERIAS.SOLO PENSABA EN EL AMOR QUE SENTIAY LA LUZ DE LA OSCURIDAD NOS RODEO EN UN ABRAZO ETERNO,NOS BRINDO SU PROTECCION,NOS BRINDO SU CALOR, UN CALOR QUE NO PODIAMOS SENTIR.NO ME IMPORTO DARTE TODO LO QUE TENIA,PARA MI TU ERAS LO MAS IMPORTANTE.DEJE QUE ME MATARAN PARA DARTE A TI LA VIDA. DEJE QUE ME ASESINARAN PARA DARTE LA DICHA QUE YO NO POSEIA.TU ACEPTASTE MI SACRIFICIOY VOLVISTE A LA VIDA CREI ENTONCES QUE ME QUERIAS CREI QUE ERA TIEMPO DE DEMOSTRAR
LO QUE SENTIAMOS. PERO TU DECIDISTE QUE NO.DECIDISTE QUE NO ME QUERIAS DECIDISTE QUE YO NO ERA NADA DECIDISTE QUE NO SIGNIFICABA NADA EN TU VIDA Y TE ALEJASTE.¿UN ERROR,ACASO PIENSAS,SOY PARA TI?¿QUE ERA YO EN TU VIDA?¿QUE LUGAR OCUPABA EN ESTA SOMBRA DE MUERTE QUE NOS CUBRIA?NO LO SE NUNCA ME LO DIJISTEEN LA SOMBRA DEL VALLE DE LA MUERTE YO NACI,CRECI,VIVI,TE CONOCI,TE AME,Y MORI DE NUEVO NO POR MI, SOLO POR TI NO POR MI, SOLO POR TI. EN LA SOMBRA DEL VALLE DE LA MUERTEYO ESCRIBI MI TRISTE HISTORIA

lunes, 9 de febrero de 2009

Poema oscuro

Noche de OscuridadEsta noche, esta noche todo es diferentealgo empieza mas nada terminala noche es calida, mas mi cuerpo siente friotodo el mundo esta alegre, mas yo siento un enorme vacioAhora no veo luz solo oscuridady todo porque me has dichoque jamas me podras amarla noche continua igual, no se si mi alma volverano se cuando terminara mi enorme pesarEsta noche es de luna llenay podria jurar que te conocien una noche igualy hoy juro que nunca te podre olvidarEsta noche te empiezas a alejarpero mi amor por ti jamas terminaraesta noche todo es diferentetu vida empieza mas la mia terminatu vez luz yo solo veo oscuridadansiaria ya no vivir masy asi ya no volverte a recordar...


viernes, 6 de febrero de 2009

Vestido gotico





Tan Solo es...Soledad...Y el final apenas comienza a latir...Sangre alrededor de los fantasmas,Noche de dolor,Por una cicatriz...Que comienza a sentir,La gota de lágrima,Que comienza a vivir.Los ecos de la existencia,Se hacen presentes en una vida oculta.Día tras día,La agonía se revela ante el presente, Una vez más...no deja de cesar.El destino se burla ante la nada,Y el mejor postor...no ofrece nada.El reverendo sentimiento...es inmortal,Ante la palabra que lo hace vivir.El vacío...solo es una extensión...Después de la inmensa soledad...

jueves, 5 de febrero de 2009

Gotico


Desdicha Acaso conoces mi vida?Sabes el por que de mis desdichas?Dime la causa de mis penumbrasPor que en realidad estoy llegando a la locura Toda mi vida es solo una amargura Que causa en mi alma una negrura En las mañana derramo mi primera lagrima Pero durante el día esta no es la última Salgo a caminar y solo encuentro dolor Sintiéndome un fantasma sin razón Observo a los demás sonreír Con algo de celos por no conocer ese sentir Observo los amantes unidos Por un lazo de amor irrumpido Observo a los amigos divertidos Que ríen espontáneos si temores infundidos Y mírame a mi, pobre fantasma olvidado por el destino No más que con el rostro adoloridoPor el fluir de mis lágrimas tan seguido Sola con mi soledad seguir mi camino Y con el llanto no dejándome llegar al olvido Solo puedo seguir caminando ya que este es mi destino.